En
1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos
levantábamos de noche, horas antes del amanecer, cuando apenas había una mancha
añil en el cielo oriental y el resto del horizonte seguía negro como el carbón.
Hoy
era sábado así que teníamos que levantarnos más temprano de lo normal, era día
de mercado. Aunque soy la más pequeña de
la casa me toca trabajar como todos. Nada más despertar escuche un grito.
-¡Alexia,
vamos que llegaremos tarde!.- Grito mi hermano mayor Anthony.
-¡Ya bajo!- le conteste.
Una
vez lo preparamos todo nos dirigimos hacia las afueras del pueblo donde se
realizaba el mercado. Al empezar a amanecer comenzaron a aparecer carros llenos
de gente. Casi todos se paraban a nuestra parada para comprar las tartas que
hacia mi madre y las alfombras que hacía mi padre junto a su hermano, eran
bastante populares en el pueblo. Teníamos mucha gente, era imposible poder
atenderlos a todos. Estaba cobrándole una alfombra a una señora mayor en lo que
veo como un niño se lleva dos tartas y una alfombra si pagar.
Eran de las últimas tartas que nos quedaban. Así que no lo dude ni un segundo y
me eché a correr para alcanzarlo.
-¡Oye
tú!- le grite mientras lo perseguía. Corrí unos metros más hasta que lo alcance.
-Lo siento.- Me digo, nada más llegar a su
lado - Sé que te he robado estas dos tartas,
y la alfombra, pero tengo que darle de comer a mi hermana pequeña. No hemos
comido desde hace días - Me dijo señalando a una pequeña niña, que no podía
tener más de 2 años.
Al
ver a esa niña mi corazón se rompió, era tan pequeña, tenía el cabello muy
rizado y de un negro intenso, tenía la
tez morena y estaba tan delgada. El niño en cambio era bastante más alto que
yo, tenía el pelo negro y la tez un poco más oscura que su hermana.
-¿Cómo
os llamáis?- les pregunte.
-
Yo me llamo Nick, y ella Rebecca – me contesto mientras señalaba a la pequeña
Rebecca.
-
¿Qué os ha pasado?- les pregunté- quiero ayudaros – añadí.
-
Nuestros padres se fueron un día de casa, y nunca volvieron. Llevamos 5 días
buscándolos y no hemos conseguido encontrarlos, no hemos podido comer bien
desde hace 3 días.- Me respondió Nick con lágrimas en los ojos.
-
Tomad – les entregue las dos tartas y la alfombra que me habían devuelto. –
vosotros lo necesitáis más que yo y mi familia. Me gustaría que vinierais a mi
casa mientras vuestros padres no aparecen.
-¿De
verdad?- Me preguntaron los dos.
-
Sí.- Les conteste.
Al
llegar a casa mis padres no estaban de acuerdo pero después de insistir y
contarles su historia, dejaron que se quedasen todo el tiempo que necesitaran.
Y me dijeron que había hecho lo correcto llevándoles a casa, que estaban muy
orgullosos de mí.